Hacienda Sisbic, Yucatán

 Una vez establecidos en Peto, Yucatán, comenzamos con la visita a localidades de la zona, entre otros, nos tocó visitar a Don Arsemio, que marcaba el kilómetro 14 de la carretera que va hacia Chetumal.


El letrero de "Sisbic" escrito sobre un pedazo de madera blanca, amarrado a un palo encajado en la tierra es la entrada al camino que lleva a casa de Don Arsemio. La reja hecha de troncos amarrada con cadena nos obliga a dejar el Jeep parado en la entrada mientras cruzamos a pie entre la maleza para continuar caminando un kilómetro en una vereda por la selva.

El sonido de los autos queda atrás cuando se va abriendo la naturaleza, encontramos una plaza grande, rodeada de construcciones abandonadas, como si se tratase del centro de un pueblo. Es el centro de la hacienda Sisbic, en una cabaña a la entrada, vive Don Arsemio quien sale a recibirnos al sonido de la alarma que emiten sus perros.

Nos platica una triste historia, Don Arsemio llegó a Sisbic hace apenas 20 años, la hacienda estaba  habitada y en sus terrenos cultivaban henequén, el "oro verde" yucateco. El propietario, en aquel entonces, lo había contratado como vigilante y Don Arsemio ocupó la misma casa que habita el día de hoy, la del vigilante.



Un día el hacendado salió, encargando a Don Aresmio la hacienda para nunca más volver, han pasado 20 años desde aquel día, en que nuestro viejo amigo sigue esperando el regreso, cumpliendo con el mandato de cuidar las tierras. Aunque hace algunos años llegó el supuesto "sobrino" del hacendado, para robarle todo el cableado y transformador que se encontraba al centro de la plaza. Entre la oscuridad y la falta de mantenimiento, la hacienda fue cediendo paso a la naturaleza, hoy en día luce más escenario para una película de leyendas, pero Don Arsemio, sigue en pie, cumpliendo con el cometido que el hacendado le encargó.



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